Your address will show here +12 34 56 78
EXPOSICIÓN

*EN EL CÓLICO

LLE GODOY

It is exciting to attend an artist's first exhibition. Exciting and strange is any attempt to approach a work that is presented to the public for the first time. And although Lle Godoy, Bilbao 1996, is no stranger to the art world, his career in art direction in different editorial and audiovisual media is extensive, this is the first time that he has taken on an individual artistic project in the exhibition space of an art gallery. A project for which he has been preparing for some time and for which I sense he has put all his heart and soul into it. It is an exciting, strange and audacious proposal to ask an artist to present another artist with whom there is no previous contact and whose work, as it were, begins here. It's difficult not to have a trail to turn to in order to understand this moment, neither writings, nor preceding works, nor too much biographical information. And the truth is that I prefer it this way, in fact I believe that it is precisely this circumstance that impels me to do so. I feel an impulse to peer into the abyss of the other, to detach myself from my own for a moment and to look sideways, from the edge and with modesty, into the emptiness of others.

The truth is that the edges of abysses have long since begun to be easily recognisable places for me and from which I have learned to enjoy the beautiful views. And yes, I am not mistaken, in front of this work a vast and extended abyss opens up.
In this exhibition Godoy speaks to us of mouths, of bodily orifices.
In this exhibition Godoy speaks to us of mouths, of bodily orifices. Mouths manipulated, forced, observed, invaded by foreign bodies.
Mouths, once again mouths. And my head inevitably summons other mouths, other artists in whose works, mouths are grimaces of pain but also of pleasure, pure need to scream, to communicate, pure survival instinct. Because from the first cry to the last sigh, the mouths are there to unburden, to implore, to connect us with life and with the other.

And as in a macabre dance, a chorus is formed, joined by the screams, the silences and the silenced, stifled and desperate cries of many mouths. The desperate mouths of the paintings of Francis Bacon or Edvard Munch inevitably appear, but also the screams of the performance AAA-AAA by Marina and Ulay and those of the artist Absalon in his video ‘Bruits’,the forced mouth of Bruce Nauman's ‘pulling mouth’ appears and sewn or gagged mouths like that of Bernardí Roig or mouths receiving food from the mother as in the work ‘Umbilical’ by Janine Antoni or the endoscopic video ‘corps etranger’ in which Mona Hatoum travels in a kind of self-portrait through the interior of her own body.And then teeth and tongues and kisses also begin to appear and the wheel becomes bigger and bigger and more grotesque and more beautiful.
And David Cronenberg also joins the group.

Yes, it's true, David Cronenberg also has something to do with this, because this exhibition is also about prostheses. And as in Cronenberg's films, the body here is also confronted with medical artefacts, with surgical instruments.It is also about invaded bodies, soft tissues altered by dilating devices, extenders.It is a new, moving and disturbing symbiosis between the beautiful and the abject. Because once again the concept of beauty has to be reformulated, has to be extended.
Godoy tells us of his need to solve functional problems in the interiors of mouths, in palates, problems for which no one has yet come up with a solution.And in this eagerness, the functional and the aesthetic become confused.In a society that imposes such strict standards of beauty and health, what is different can easily become aberrant and dysfunctional.The physical and the psychic are also confused here, merging to create shapeless masses of plastic matter. Dyed resins. Blacks, oranges, yellows. Bright and deep. Unfathomable. Bastard material converted by the artist's magic into precious material, into the dark matter of which the universe is made. Perhaps meteorites from a strange, glowing planet that would have exploded into thousands of pieces. Or perhaps black holes.
Yes, because mouths are also black holes, holes that engulf everything.

Voracious vortexes. Although this search has accompanied the artist for years, or perhaps always, and is not linked to current circumstances, for me it takes on a special meaning in this year, a year of covered mouths, which enclose and confine fear inside bodies. Mouths carrying viruses, threatening.But also transmitters of fear, of pain, of tears and above all of language.
And yes, I really can't think of a braver, more transgressive gesture than to make an exhibition of open mouths, or rather of extended mouth cavities, emptied cavities, overexposed voids, palates in the shape of celestial vaults. To give form to colic, to nausea.Because Godoy, by opening his mouth, is in reality opening his soul to us.

Javier Pérez
7 December 2020

-
Es emocionante asistir a la primera exposición de un artista. Emocionante y extraño resulta cualquier intento de aproximación a una obra que se presenta por primera vez al público. Y es que, si bien, Lle Godoy, Bilbao 1996, no es un desconocido, su trayectoria en dirección de arte en diferentes medios editoriales y audiovisuales es amplia, esta es la primera vez que se enfrenta con un proyecto artístico individual al espacio expositivo de una galería de arte. Un proyecto para el que lleva tiempo preparándose y para el que intuyo ha puesto toda la carne en el asador. Emocionante, extraña y audaz propuesta la de solicitar a un artista la presentación de otro artista con el que no existe contacto previo y cuya obra como quien dice empieza aquí. Difícil no tener una estela a la que recurrir para entender este momento, ni escritos, ni obras precedentes, ni demasiada información biográfica. Y lo cierto es que lo prefiero así, en realidad creo que es justo esta circunstancia la que me impulsa a hacerlo. Siento un impulso por asomarme al abismo del otro, despegarme de mío propio por un momento y mirar de soslayo, desde el borde y con pudor, al vacío ajeno.

La verdad es que los bordes de los abismos hace tiempo que empezaron a resultarme lugares fácilmente reconocibles y desde los cuales he aprendido a disfrutar de las hermosas vistas. Y si, no me equivoco, ante esta obra se abre un dilatado y extendido abismo.
En esta exposición Godoy nos habla de bocas, de orificios corporales. Oquedades manipuladas, forzadas, observadas, invadidas por cuerpos extraños.
Bocas, una vez más las bocas. Y mi cabeza inevitablemente convoca a otras bocas, otros artistas en cuyas obras, las bocas son muecas de dolor pero también de placer, pura necesidad de gritar, de comunicar, puro instinto de supervivencia. Porque desde el primer llanto hasta el último suspiro las bocas están ahí para el desahogo, para implorar, para conectarnos con la vida y con el otro.

Y como en una danza macabra se forma un corro al que se van uniendo los gritos, los silencios y los gritos silenciados y ahogados y desesperados de muchas bocas. Aparecen inevitablemente las bocas desesperadas de las pinturas de Francis Bacon o Edvard Munch pero también los gritos de la performace AAA-AAA de Marina y Ulay y los del artista Absalon en su video “Bruits”, aparece la boca forzada de “pulling mouth” de Bruce Nauman y bocas cosidas o amordazadas como la de Bernardí Roig o bocas recibiendo alimento de la madre como en la obra “Umbilical” de Janine Antoni o el video endoscópico “corps etranger” en el que Mona Hatoum viaja en una especie de autorretrato por el interior de su propio cuerpo. Y entonces empiezan a aparecer también dientes y lenguas y besos y la rueda es cada vez más y más grande y más grotesca y más hermosa.

Y al grupo se une también David Cronenberg. Sí, es cierto, David Cronenberg también tiene algo que ver aquí, porque esta exposición también tiene que ver con las prótesis. Y como en las películas de Cronenberg, el cuerpo aquí también está enfrentado al artefacto médico, al instrumental quirúrgico. También se trata de cuerpos invadidos, tejidos blandos alterados por aparatos dilatadores, extensores. Se trata de una nueva y conmovedora y perturbadora simbiosis entre lo bello y lo abyecto. Porque de nuevo el concepto de belleza tiene que reformularse, tiene que extenderse.

Godoy nos habla de su necesidad por resolver problemas funcionales en los interiores de las bocas, en los paladares, problemas para los que todavía nadie ha planteado una solución. Y en ese afán, lo funcional y lo estético se confunden. En una sociedad que impone unos cánones de belleza y salud tan marcados, lo diferente puede fácilmente resultar aberrante y disfuncional.
Lo físico y lo psíquico aquí también se confunden, se fusionan creando unas masas informes de materia plástica. Resinas teñidas. Negros, naranjas, amarillos. Brillantes y profundas. Insondables. Material bastardo convertido por la magia del artista en material precioso, en la materia oscura de la que está hecho el universo. Quizás meteoritos de un extraño y brillante planeta que hubiera estallado en miles de pedazos. O quizás agujeros negros. Sí, porque las bocas también son agujeros negros, agujeros que todo lo engullen.
Vórtices voraces. Aunque esta búsqueda acompaña al artista desde hace años, o quizás desde siempre, y no está vinculada a las circunstancias actuales, para mi cobra un especial sentido en este año, un año de bocas tapadas, que encierran y confinan el miedo dentro de los cuerpos. Bocas portadoras de virus, amenazadoras. Pero también transmisoras del miedo, del dolor, del llanto y sobre todo del lenguaje.

Y sí, realmente no se me ocurre un gesto más valiente, más transgresor que el de hacer una exposición de bocas abiertas, o mejor de cavidades bucales extendidas, cavidades vaciadas, vaciados sobreexpuestos, paladares en forma de bóvedas celestes. Dar forma al cólico, a la nausea. Porque Godoy, abriendo su boca, en realidad nos está abriendo su alma.

Javier Pérez
7 de diciembre 2020